Fracking y sindicatos

Ya el año pasado oímos a los jefes de CCOO proponiendo a su sindicato como interlocutor para la cuestión de la fractura hidráulica en el territorio del Estado español, es decir, para primero convencer amigablemente a los propietarios de terrenos y vecinos perjudicados por los pozos a aceptar pacíficamente —a cambio de una módica suma de dinero— algunos de los mejores venenos del mundo, y para luego defender a los poderosos, posiblemente incluso haciendo de pararrayos frente a las probables protestas de las poblaciones afectadas.

Ahora nos toca leer en las páginas de un periódico que las federaciones de la industria química de los sindicatos CCOO y UGT proclaman su apoyo total a los intereses de la patronal del sector químico (FEIQUE), la cual espera suculentos beneficios de un hipotético desarrollo futuro de la fractura hidráulica en el Estado. Con una declaración conjunta, los sindicatos y los industriales han pedido por un lado la regulación de las actividades del fracking a través de aún más leyes y, por otro, la «exploración» para poder supuestamente luego decidir, en base a argumentos científicos y técnicos, si utilizar esta manera de sacar el gas o no.

Lo que se olvidan de decir es que, desde un punto de vista práctico, explorar quiere decir empezar a extraer. Son trucos para desactivar cualquier tipo de oposición, tal y como lo son también las leyes y normas de la Generalitat que, al parecer, directa o indirectamente defienden la sacrosanta tierra catalana. Pero, ¿defenderla de qué?

Los políticos y los miembros de la clase industrial son los que más ganarán del fracking. No se van a dejar escapar una oportunidad de tal tamaño. Por eso pasan leyes hablando de «la tecnología de fracturación hidráulica», sabiendo perfectamente que para saltarse una de sus propias normas es suficiente en este caso incluso cambiar simplemente el nombre de la técnica, como de hecho ya se está haciendo en otras partes del Estado y el mundo. Mientras tanto, siempre hay que dirigir el debate hacia el lenguaje de la ciencia y los datos proporcionados por ella, siempre hay que hacer pensar a la gente que dejar todo en manos a los «expertos» es la única opción.

Merece la pena subrayar que una colaboración descarada de sindicatos se ha visto recientemente también en lo que concierne las expropiaciones para la construcción en Cataluña de otro megaproyecto de la energía, la línea de Muy Alta Tensión (MAT). Durante los últimos meses y años, en la zona de Girona el sindicato agrícola Unió de Pagesos se ha empeñado muy activamente para ayudar a acabar la obra de esta línea eléctrica, presionando de manera fuerte con chantajes a individuos y familias —para dividir una potencial o real oposición a la MAT— convenciéndoles a firmar lo antes posible los papeles de expropiación necesarios para que los industriales de la energía no encuentren ni el más mínimo obstáculo en su camino hecho de destrucción y enfermedades.

Que nos quede claro: ¡un intermediario del Poder nunca estará de nuestra parte!

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