Joan Busquets sobre Juan Gómez Casas

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Juan Gómez Casas

En recuerdo a Juan Gómez Casas

 

Hace tiempo que quería testimoniar mi más profunda estima al compañero y amigo, que con su ejemplo moral influenció en mí y a otros compañeros que lo frecuentaron. Hablar de Juanito, como solíamos llamar sus más íntimos, no es una tarea fácil.

Juan Gómez Casas nació en Burdeos en 1921. Fue detenido en  Madrid, en su domicilio de Carabanchel bajo, el 15 de enero de 1948, siendo Secretario General de las Juventudes Libertarias y del Comité Peninsular de la FAI. La policía le incautó la imprenta donde editaban Tierra Libre y Juventud Libre, condenado por un Tribunal Militar a 30 años de reclusión de los cuales cumplió 14.

Cuando ingresé en el penal de San Miguel de los Reyes (Valencia) en 1950, procedente de la Modelo de Barcelona, después de pasar (el denominado periodo sanitario) veinte días incomunicado, salí al patio donde había centeneras de presos. El primero que se acercó para saludarme fue Juanito, era un hombre de mediana estatura, delgado como la mayoría de los detenidos que estaban allí a causa del hambre que se pasaba.

Con una voz amable me informó sobre algunos aspectos de la vida en el penal, pertenecía al grupo mayoritario de la CNT, unos tres cientos compañeros.

Juan Gómez Casas, tenía una cultura sólida. Se pasaba parte de su tiempo estudiando, haciendo muchos apuntes que más tarde le sirvieron para publicar cuando salió en libertad en 1962. Hablaba correctamente el francés y el esperanto. En la cárcel aprendió el inglés y el alemán. Idiomas que le sirvieron cuando recuperó la libertad para traducir varias obras clásicas del anarquismo.

Mis primeros contactos fueron desde el principio para mi un manantial de aprendizaje, su clarividencia de análisis de las ideas libertarias fueron con el tiempo tomando cuerpo.

Juanito a pesar que andaba falto de tiempo a causa de sus estudios y, constantemente solicitado por los compañeros, se ofreció en dedicar un espacio de su precioso tiempo para darme lecciones lingüísticas. Yo era un joven inquieto de 21 años de edad, tenía ansiedad de aprender, y qué mejor incentivo para un profesor de tener un alumno que asimilaba, fácilmente, las lecciones.

Casas, no me perdía de vista, quiso que tuviera una experiencia en lo que respecta a la mecánica de la organización, y que mejor método para aprender que sobre el terreno. Me propuso en una reunión mi nombramiento de secretario de las Juventudes Libertarias, nadie se opuso, fui nombrado por una mayoría. Las JJLL en San Miguel de los Reyes (1950), lo componían cuarenta a cincuenta compañeros. Podríamos decir una pequeña local de barrio. Nuestra actividad, al margen de los contactos del exterior, publicábamos mensualmente El Aguilucho, escrito a mano; también había una biblioteca con algunos libros tolerados por el Establecimiento y otros que no lo eran, habían pasado por la censura, clandestinamente.

Más tarde me nombraron a tomar parte en el Comité de la CNT, juntamente con Juan Gómez Casas, fue una experiencia que me aportó enseñanza y confianza, que en realidad es lo que quería Juanito, el cual solía decir: «hay que dar paso a la juventud para asegurar el futuro de la Organización», deseo que era compartido por todos en aquel momento.

La CNT tenía un comité compuesto de tres miembros, cada dormitorio representaba una Federación Local con su respectivo delegado.

La cárcel tener un cargo constituía un peligro evidente, que pocos querían a asumir, por el riesgo que comportaba en caso de ser atrapado con algún documento comprometedor. Personalmente sufrí bastantes cacheos, pero nunca me encontraron encima ningún documento de este género. He de reconocer que tuve suerte. El hecho de burlar continuamente la vigilancia no era fácil, ya que siempre había imprevistos imposibles de preveer.

Juanito, tenía un carácter afable, de contacto fácil, sencillo, pero cuando se trataba de defender las ideas era un león, que quedó bien patente en más de una ocasión.

Juanito lo definiría como un hombre de letras, autodidacta, que se ha formado a base de voluntad y sacrificio. La cárcel en aquel periodo había que tener mucha voluntad para estudiar. El hambre era el peor enemigo, yo diría difícil de hacer frente. Juanito cayó enfermo, tuberculoso, por falto de alimentos, hecho que lo menciono en mis memorias Veinte años de prisión. Los anarquistas en las cárceles de Franco.

Juanito tenía una voluntad a toda prueba, lo demostró con la fuga que realizamos en el penal de San Miguel de los Reyes. Adonde pude comprobar su entereza de carácter.

A continuación expongo el comentario que hago en mis memorias con respeto a Juan Gómez Casas sobre la fuga:

   »Juan Gómez Casas me abordó en el patio para decirme que tenía el presentimiento de que yo estaba preparando una fuga.

«Si mis suposiciones son ciertas —dijo—, espero que cuentes conmigo». Respondí que de momento no había nada concreto. No quise comprometerme sin antes hablar con Catalá mi asociado.

Desde luego no podía dejar de lado a Juanito, fugarme y dejarlo allí sin decirle nada no me pareció correcto, más tarde le confirmé en el lugar que pensábamos realizar la fuga, poniéndole al corriente del peligro evidente, y de los inconvenientes encontrados. —Así, que piénsalo bien antes de tomar una decisión.

           Me respondió que su decisión estaba tomada.

Sinceramente me sorprendió la actitud de Juanito, nunca pensé, que le pudiera interesar fugarse, una fuga comportaba riesgos. Tenía mis dudas que llegado el momento no respondiera. ¡Qué equivocado estaba!

    Llegado el momento acordamos que Juanito acapararía todas las imaginarias y a la una de la madrugada, después del recuento (relevo de guardia), despertaría a Catalá y minutos más tarde a mí.

    Sentí que me sacudían, era Juanito que con un tono enérgico dijo «Catalá está en el tejado, ahora te toca a ti» me sorprendió su timbre de voz, firme y segura de si mismo. Hasta Catalá me remarcó este detalle. Estaba preparado, no cabía la menor duda.

Quién no estaba preparado era Catala que no respetó lo que  habíamos convenido. Por este motivo la fuga salio mal. Aunque nos quedó a pesar del fracaso, a Juanito y a mí, la satisfacción moral de haberlo intentado.

«Si no lo hubiera intentado, manifestó Casas, me hallaría incomodo». Era un razonamiento que compartía totalmente. Para mi un preso que buscaba la libertad era un acto meritorio y también de audacia.

Un año después de cumplir los castigos por el intento de fuga, nuestra situación en el penal volvió a la normalidad.

La Dirección nos autorizó a Juan Gómez Casas y a mí a trabajar en los talleres de ebanistería. Ambos trabajábamos, colectivamente, barnizando muebles, aunque ganábamos muy poco. Físicamente yo no me encontraba aún en muy buenas condiciones físicas, me faltaban fuerzas para obtener un mayor rendimiento y Juan Gómez Casas no conocía el oficio.

Entre tanto el personal de máquinas le propuso a Casas trabajar para ellos. Se trataba de controlar y contabilizar las piezas que se fabricaban. Todas las semanas tenían problemas en el momento de hacer las nóminas, la producción contabilizada por los presos no se ajustaba ni de lejos a las cantidades que marcaba el dueño.

El personal de máquinas estaba harto de discutir en vano y decidió buscar alguien que defendiera sus intereses y controlara la producción. Por este trabajo le pagarían ellos mismos un sueldo fijo de doscientas cincuenta pesetas semanales. Eligieron por unanimidad a Juan Gómez Casas que gozaba de la estima y confianza de todos.

Gómez Casas discutió conmigo, temía que aquel puesto le acarreara complicaciones con el dueño y sus secuaces. Personalmente consideré que era una buena colocación y una buena causa que defender y así se lo manifesté. Además sabía que necesitaba ganar dinero para ayudar a su mujer y a su hijo, que tenía entonces unos nueve años.

Meses más tarde, fui trasladado al hospital Penitenciario de Yeserias (Madrid) para operarme de una lesión en la pierna a consecuencias de la fuga. Fui dado de alta un mes más tarde y conducido a la prisión madrileña de Carabanchel. Un día el ordenanza de la galería abrió la puerta de la celda y me anunció: que tenía una visita. Se trataba nada menos de Juan. Fue una gran sorpresa, quedé atónico, sin saber qué decir.

Juan me explicó las razones de aquel imprevisto traslado al penal de Burgos: »Todo empezó —dijo— a consecuencia de los enfrentamientos que tuve con el dueño de talleres. Recordarás que estuve indeciso en aceptar el trabajo que me propusieron los de máquinas. Temí que sobrevinieran complicaciones y la realidad demostró que no andaba equivocado. Cabe reconocer que en cuanto empecé a trabajar en el control de la producción las pagas del personal mejoraron de forma sustancial; era una prueba palpable del robo de que habían sido objeto. Mi presencia resultó poco grata para el patrón y el jefe de talleres, don Carlos Mella, que me miraban como un intruso. Para ellos resultaba humillante ser controlado por un preso, hecho que no podían ni tolerar ni soportar.

«Inevitablemente empezaron los enfrentamientos: El Director de la prisión, como era lógico, tomó partido a favor de los intereses del dueño de la empresa, que eran en realidad también los suyos.

«La Dirección, antes de tomar ninguna medida en contra, intentó seducirme, no con dinero, pues sabían que no podían comprarme. La estratagema que emplearon fue la adulación, pero pronto se dieron cuenta de que perdían el tiempo y sin decir nada más dejaron de molestarme.

«Detrás de aquel silencio presagié que tramaban  algo y así era, la intriga no se hizo esperar. Un par de semanas más tarde me notificaron mi traslado a Burgos. Una vez más, los marrulleros

—Concluyó— ganaban la partida».

Hombres como Juan Gómez Casas molestaban hasta en la cárcel. Me despedí de mi amigo con emoción y le deseé suerte.

Casas, cuando salió en libertad del penal de Burgos se instaló en Valencia, mi madre fue a verle, y a continuación me escribió una carta datada el 25 de diciembre—1962, aconsejándome de que hiciese lo posible para ser traslado al penal de Burgos. Por considerar que estaría mejor, consejo que seguí dos años más tarde.

En la transición a la democracia, Casas fue nombrado Secretario General de la CNT, 1976 a 1978 Su nombramiento, en aquellos meses de ebullición política y social, fue la persona idónea para defender los principios básicos de la CNT. Oponiéndose a un pequeño grupo minoritario de veteranos cenetistas que apoyaban un pacto entre la CNT y la CNS, resumido en cinco puntos y de ahí el nombre de cincopuntistas; contra ellos se manifestó la totalidad de los anarquistas de España y del exilio.

Con esta operación el franquismo pretendía engullir el prestigio histórico de la CNT, y fortalecer las organizaciones del Sindicato Vertical que estaba en plena descomposición.

Rodolfo Martín Villa (Ministro del Interior), dijo que su peor enemigo era la CNT y no ETA, para desacreditarla confabuló, en medio de una manifestación convocada por la CNT, un atentado contra la sala de fiestas Scala de Barcelona, incendio que fue provocado por un agente infiltrado un tal Gambín, alias el Grillo. Con el resultado de cuatro obreros de la CNT muertos y otros cuatro encarcelados, acusados, injustamente, de ser responsables de aquella criminal villanía.

Juan Gómez Casas, enfrentándose desde el principio a estas conspiraciones fascistas, se multiplicó escribiendo artículos, dando charlas, conferencias y mítines. Fueron dos años que dedicó plenamente, para clarificar posiciones, denunciando a los partidarios que cuestionaban los principios básicos de la CNT, con el propósito de dividirla. Entre estos militantes disidentes de la CNT que continuaban llamándose anarco sindicalistas libertarios, se habían vendido por un plato de lentejas.

Juan refriéndose a la pretensión renovadora de los secesionistas, dice: «La CNT se ha renovado así misma de congreso a congreso, se ha ido enriqueciendo con la consideración de problemas aparecidos al hilo de la evolución y de los cambios experimentados en el mundo. Entonces, ¿qué quiere decir, en realidad, «CNT renovada» o «Renovación»? ¿No querrá decir justamente lo contrario de lo que pretende? Porque nosotros sólo podemos avanzar y profundizar los problemas a partir de la esencialidad o razón de ser profunda de la CNT. ¿Qué quiere decir entonces paleoanarquismo? Dado que anarquismo sólo hay uno, no puede haber un anarquismo «renovado» que acepte el Estado o los chanchullos de los políticos, o un anarquismo que, para hacerse aceptar, tenga que renunciar a sus esencias. Este es el caso de la CNT».

Aquí termina un episodio más que Juan, por su integridad moral que era su fuerza, enfrentó con solvencia.

La última vez que vi a Juan fue en el local de la CNT en Paris, unos meses después del fallecimiento de Franco. Me invitó a ir con él a Madrid, pero en aquellos momentos no me encontraba en muy buenas condiciones para desarrollar ninguna actividad y decliné su invitación.

Juan Gómez Casas consagró su larga vida a defender las ideas anarcosindicalistas (CNT) Fue un percusor infatigable. A continuación expongo sólo una parte de libros publicados. Su obra literaria es colosal.

Editó principal órgano de la CNT-AIT (1980-1981) Autor Anarquismo y Federalismo (Madrid 1983), Los anarquistas en el Gobierno (Barcelona 1977), El Apocalipsis (Madrid1969), Autogestión en España (Madrid 1976),, Los Cruces de Caminos (1984), Cuentos Carcelarios (Madrid 1968), Los desheredados del tío SAM (Madrid 1968), España 1970 (Toulouse, 1970), España Acrata. El Frente de Aragón (1973), Historia del anarcosindicalismo español (Madrid 1968), Historia de la FAI (Madrid 1977), Las horas decisivas de la guerra civil, Situación límite (Madrid 1975). (Escribió centenares de artículos, algunos bajo seudomino Benjamín)

La lista continúa pero con lo expuesto es para dar una idea del inmenso trabajo realizado. Como ya dije en el párrafo anterior: la fuerza de Casas estaba en su convicción ideológica y su honestidad, que juntas daba esta portentosa fuerza que le caracterizaba.

Juan hace años que nos has dejado, pero el compañero, el amigo está siempre presente en mi memoria. Los años difíciles que pasamos juntos, colmado de sufrimientos y de riesgos, no se pueden olvidar nunca.

Salud compañero, tu amigo

JB

Difon el B Llibertari i el pèsol negre:
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