Opinió sobre Hondures avui

06Descarrego la meva opinió totalment SUBJETiVA sobre la Hondures actual

No recordaba Tegucigalpa tan áspera, tan injusta.

Honduras es una culebra que muerde a quien anda con los pies descalzos.

Las 22 personas de promedio que mueren violentamente cada día en ése país mataron también a toda posible esperanza y mirada postmoderna sobre esa realidad.

En medio de una ciudad cercada por la seguridad, con apenas plazas y donde todo punto de encuentro público se llama Mall, se pronuncia en un inglés casi perfecto y manda las divisas hondureñas a los Estados Unidos, Tegucigalpa parece una ciudad fronteriza de vallas de hierro que protegen a los ricos de los pobres y a los pobres de los más pobres.

Tegus, como se conoce popularmente la capital de Honduras, es el guachimán (guarda de seguridad) analfabeto de un pequeño negocio familiar abriéndote paso con una mano sosteniendo en el otra una recortada.

Honduras es también la doña de las tortillas asesinada al denunciar el afán de lucro de una ONG, es el abogado que perdió la vida ganando un juicio y el taxista que paga la extorsión para sobrevivir a pesar de ser asaltado nueve veces y recibir varios disparos uno de los cuales se le estampó en la mandíbula. Tegus es su taxi sin suspensiones, su cristal frontal quebrado y el olor a dióxido de carbono de los School Bus amarillos en medio de un trancón infinito. Es alguien bajando del taxi para cruzar la calle y el conductor del carro siguiente acelerando al verlo cruzar.

La violencia que más abunda no es precisamente la violencia explícita. Se habla mucho de paz y poco se contempla la justicia. Tegus es una deslumbrante camioneta de lujo americana sin placas y cristales polarizados en la puerta de un imponente banco de 100 metros de altura y hormigón armado. Son los modernos tótems en forma de logo americano que presiden sus calles principales. Es la gran diferencia entre los sueldos y el alto coste de la vida.

Honduras se puede ilustrar como una madre joven sosteniendo gran cantidad de hijos que nunca van a conocer a su papa, o que saben quién es y les gustaría no saberlo. Tal vez mas gráfica es la imagen de la abuela cuidando de sus nietos y corrigiéndolos, castigándolos, con una tabla de madera que se guarda al alcance de la mano sobre de la mesa del comedor para su mejor disponibilidad. Más sutil es el silencio que dejan la gran cantidad de violaciones intrafamiliares. Jodido es ver como más de uno se patea el dinero ahorrado para los estudios de sus hijos en tunear su coche.

Vivir el sueño de la navidad en Tegucigalpa a temperaturas próximas a los 30 grados tiene un punto de surrealista y mucho de artificial. Una artificialidad que se valora. En el cibercafé de un cualquier centro comercial el aire acondicionado es tan intenso que uno se siente totalmente incomodado por el frío. En esa ciudad cuenta más aparentar que ser y tener un negocio climatizado te brinda un estatus social.

Cuando uno llega exhausto a casa y se pone a ver televisión se sorprende más todavía. Una de las opciones más coherentes que uno puede elegir es sin duda las telenovelas. Entre los demás canales uno encontrará media docena de información tendenciosa del régimen autoritario que maneja todo en el país o un par de canales de información tendenciosa de sus adversarios, y todo revuelto con la figura de un Dios bíblico a menudo evangélico que suele condenar a los más pobres y absuelve a los responsables de tanto desmadre. Cuando ya no se tiene fe en la vida solo queda la fe en Dios, eso sí, pagando diezmo cada domingo a la iglesia. La vieja técnica del fusil y la Biblia.

En esa coyuntura más vale no encontrarte en apuros de salud. Si tienes que asistir al hospital tienes que llevar contigo el material necesario para tu curación incluyendo jeringuillas, gasas y vendajes e incluso medicamentos. Esa suele ser una condición para tu atención ya que los hospitales están totalmente desbordados.

Aquí me sentí más desbordado de lo que me hubiera gustado. Al ver frente a mis ojos la tristeza, la impotencia y la desconfianza tal vez no supe ver, ponderar o transmitir las partes buenas que sin duda tiene el país, su hospitalidad, el llegar a la casa de unos desconocidos y que te reciban con ricas tortillas, frijoles y mantequillas.

Dejo atrás alguna buena amistad, el respaldo de una gran familia hondureña, decenas de lecciones, parte de la paz interior que creí haber conseguido y un nuevo objetivo fotográfico que cambió de dueño sin mi permiso. Dos sabrosas indigestas baleadas (comida típica hondureña) viraron a gastroenteritis. Y por ahora la única Esperanza que conozco es la madre de un buen amigo refugiado después del golpe de estado.

Ojalá les pudiera contar otra versión de este mes en Honduras pero por ahora esta es mi subjetiva, humilde y punzante impresión sobre lo que viví.

Regreso a casa, más valorada que nunca soñando que éste país rompa la inercia que la tiene sumisa.

Article publicat al pèsol negre 63, signat per Morazan Esteban a Manresa a finals de 2013

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