Sobre el Rei. Un nou text de memòria històrica de Joan Busquets

Las armas ha sido una afición de Juan Carlos I que le ha ocasionado graves problemas, aunque tuvo otras debilidades…

En 1955, cumpliendo condena en el penal de San Miguel de los Reyes (Valencia), leí en el periódico penitenciario denominado “Redención”, editado en la prisión de Alcalá de Henares, el fallecimiento del príncipe Alfonso de Borbón de 14 años de edad en un accidente de caza, causado por su hermano Juan Carlos de Borbón que tenía 18 años. Las circunstancias de este lamentable suceso, decía el texto, fue un accidente fortuito, pero en cuando se supo que la carabina mortífera fue un regalo que hizo Franco a Juan Carlos, con motivo de su ingreso en la academia Militar de Zaragoza, los presos políticos fuimos más críticos en el regalo que con el accidente. Por considerar que un arma de fuego no era un regalo apropiado para un joven inexperto, y dejarlo a su libre albedrío. Aunque la formación del príncipe estaba basada precisamente en la disciplina militar, detalle que pone en cuestión la eficacia de su educación o quizá también el talento del alumno.

Años después se ha escrito mucho entorno de este accidente, hubo muchas versiones, pero guardo preferentemente la primera que se ajusta a mi modo de ver más a la realidad.

Accidente por arma de fuego hubo otro, no hace mucho tiempo, que atañe también a la familia real, el hijo de la infanta Elena de 13 años que se pegó un tiro en el pie, mientras realizaba prácticas de tiro, con una escopeta calibre 36, regalo de sus padres.

Esta afición de la Casa Real a las armas pasa de padres a hijos, a pesar del dramático accidente de Alfonso, no fue suficiente a Juan Carlos I para traumatizarle, al contrario ha continuado con obstinación trasmitiendo a sus descendientes esta afición que tantos problemas le está ocasionado.

Como por ejemplo sus expediciones clandestinas a la caza mayor que practicaba desde hace mucho tiempo y que nadie sabía nada, la prensa nunca publicó estos costosos safaris, se supo la verdad a causa de un banal accidente que tuvo Juan Carlos I en Botswana, al caer en el vestíbulo del hotel donde se hospedaba rompiéndose la cadera. El monarca tuvo que ser trasladado en un avión privado desde África hasta Madrid para ser operado.

El asunto originó un fenomenal escándalo internacional, la prensa española estuvo obligada por primera vez salir de su tradicional silencio, requiriendo al Rey a pedir disculpas en público.

La organización ecologista tan pronto supo que el Rey era aficionado a cazar elefantes y otras especies protegidas, lo destituyó como presidente honorífico que ostentaba wwf en España, “Organización mundial de conservación de la protección de especies vulnerables”. Los socios de dicha asociación por una mayoría abrumadora le obligaron inmediatamente a dejar el cargo honorífico de presidente por considerar que no era merecedor de sustentar.

Juan Carlos I ha seguido los pasos en un cierto modo de Franco, su tutor, que era calificado en la época por la prensa franquista de ser un implacable pescador (con arpón o a cañonazos) de cachalotes, atunes y otras especies en vías de extinción.

Franco un viejo achacoso que no se aguantaba de pie ¿cómo podía pescar a su edad tan avanzada cachalotes? Era tan cómica la propaganda que le hacían, como la del monarca fotografiado con un elefante muerto, que lo abatió a tiros. Veo mal al Rey tan desmañado hasta para andar, podía haber matado un elefante salvaje. A no ser que lo matara drogado o borracho como el oso que asesinó en Rusia. Esta crueldad con los animales ha sido uno de los pasatiempos favoritos de algunos dictadores, monarcas y capitalitas: Franco, Ceaucescu… etc.

Los fascistas del Partido Popular consideran a Juan Carlos I el hombre providencial que trajo a España la democracia. ¡Vaya referencia! Más bien lo que trajo fue una basta estafa, como lo prueba su enriquecimiento personal que se cifra en 1790 millones de euros y también el enriquecimiento de todos sus amigos corruptos del PP, que lo han sostenido siempre desde el principio. Pero todo tiene un fin, al menos así lo espero en bien de los que trabajan.

 JB

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